Calabazas

Me dirijo a ti, desconocido lector, para implorar tu colaboración para con este juntaletras. Últimamente me hallo en una fangosa encrucijada de la que me siento incapaz de salir. Ojalá tu sapiencia consiga iluminar algo mi cirrosa mirada.

La cosa es que de un tiempo a esta parte vengo notando que las xx me ningunean (sin pudor ni cargo de conciencia alguno) ante mis últimos, bienintencionados e insistentes lanzamientos de sedal. A ver, nunca fui cabeza de cartel, pero he toreado (con éxito desigual, eso sí) en plazas de todas las categorías posibles. Pero lo que antaño fueron panes y peces, hoy se ha vuelto tan previsible que formo ya parte del poco recomendable Calabasas’ Club de Andrés Montes. Sí, amado lector, últimamente ni pagando…

Y tú dirás, a ver si es que estás apuntando muy alto, motivado, y resulta que andas ya más para cineclubs bergmanianos que para road-movies tarantinescas. Pues sí, la verdad, no se te escapa una. Mis últimas cucurbitáceas han llegado servidas (crionizadas, más bien) por damas de alta gama, algo más allá de la treintena. Y creo que aquí llegamos al tuétano del asunto: ¿qué cojones buscan las mujeres cuando otean en lontananza los tenebrosos 40? Y la respuesta es justo ésa que estás pensando: un padre para sus hijos, un proyecto, un soporte (financiero-emocional). O sea, un no-yo, la antítesis de este cuarentón, padre ya, sin un chavo en la buchaca, ni moto que vender. Vale sí, soy pseudogracioso y estoy totoro, pero esas incuestionables cualidades se tornan microbianas cuando la susodicha anda (como dice el Liviano) jartita de triscar con pibes de todo tipo, tamaño y condición, y con una lista de espera sideral babeando en el descansillo.

Y en estas ando, encerrado en este páramo que parece no tener fin ni puerta, con la llave lista y sin un triste chusco que llevarme a la boca. Hey, pero no todo iba a ser quejiquismo y confesiones tristuzas, también hay noticias buenas: porque si estas desventuras me hubiesen ocurrido años ha, ahora estaría escribiendo a la vera del viaducto, deshojando margaritas; pero gracias al zurrón de hostiazos que he logrado acumular hasta aquí, hoy puedo decir bien alto y bien claro que todo esto (no sabes cuánto) me la pela.

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3 respuestas a Calabazas

  1. Fran dijo:

    No sé qué decirte amigo Chus, tengo la cabeza embotada de estudiar, así que en relación con los estudios se me ocurre que la cosa va de ciclos, como los de la economía y como los de las calabazas (o curbitáceas, he tenido que buscarlo en Google), aunque unos joden más que otros

    Estaré atento a First Dates

    Un abrazo

  2. Teresa dijo:

    Yo no estoy al día, pero quizás el confinamiento haga que la gente y las mujeres en concreto vean y valoren las cosas de otra manera a cómo las describes. Hay que ser siempre positivos, como tú bien sabes.

  3. Santi dijo:

    Ay! Ese primer párrafo me recuerda dignamente a una «asquerosa» novela 😛
    Como bien te dice el estudioso Fran la vida es cíclica y por lo escrito, antes no querías tú y ahora cuando lo lean las que no van a querer van a ser ellas…
    Por si acaso queda alguna descarriada que lo quiera intentar vete buscando respuesta digna a la cuestión de qué busca un hombre de cuarentaytantos en la vida, más concretamente en una mujer de treintaypocos.
    Si todavía no has aprendido a disfrutar de lo que la vida te trae, al menos no esperes que la vida te traiga aquello que quieres disfrutar.
    Se os quiere

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