Bonobos

Hay semanas y semanas. Las hay que pasan a tu vera y ni te pispas; y luego hay otras que cunden más que un motel por horas. La última de julio de 2019 ha sido de éstas, de las enjundiosas, de las de comerte hasta la raspa. El plan pintaba bien: 7 días de retiro repletos de yoga, sol y playa… Dónde hay que firmar.

Sí, sonaba de lujo, pero era la primera vez que iba con esa gente a ese retiro y nunca sabes lo que te vas a encontrar en esa clase de eventos. Porque el mundo del yoga también tiene su reverso tenebroso, no creas. Ya sé que mola mucho, que te sienta como dios y que te reconduce al ahora y al autodisfrute a poco que dejes que tu cabeza fluya con tu cuerpo.

Pero muchas veces este mundillo adolece de una pátina moñas que a día de hoy me produce una irrefrenable dentera. Y digo «a día de hoy» porque si anduviera escribiendo esta entrada 15 años atrás estaría feliz cual perdiz nadando en semejante océano de gazmoñez y dogmatismo. Sí, un solo sorbo de aquel ambiente podría matar al diabético más precavido. Todo estaba bien pautado. En aquel cuaderno rubio parecía que si no eras vegetariano, jipijapi y pelín andrógino pintabas menos que pedo en funeral.

Y el haber conocido todo aquello despertaba mis recelos en cuanto a lo que me iba a encontrar por tierras almerienses. Pero bastaron 5 minutos en coche acompañado por tres de mis compañeros de retiro para que todas mis dudas se volatilizaran en un tris. Y cuando llegamos al lugar del crimen aquello se confirmó. Podía percibir el cuidado en los detalles, el mimo que los profes ponían en cada clase y en cada comida; pero más allá de eso, lo que me llegaba era una poderosa sensación de libertad individual que lo abarcaba todo. Aquel retiro era especial, el buenrollismo empalagoso ni estaba ni se le esperaba.

Y así transcurrieron los días, entre asanas, risas y canciones, brindando cada poco y dando las gracias al buda (y a Nico) por estar viviendo justo eso que estábamos viviendo. Y claro, para que el lote fuera completo y la vivencia me terminara de nutrir realmente llegó lo chungo. Yo había estado medio ‘tonteando’ (bueno, este verbo le queda dos tallas grande a lo que realmente sucedió) con una chica del curso; aunque a medida que la fui conociendo, mi gradiente de interés había caído hasta acercarse al cero absoluto. Y hete aquí que cierta noche que me retiré a mis aposentos antes de hora, la susodicha se presenta bayoneta en mano.

Me puedes creer o no, pero te juro que le dije por activa y por pasiva que no quería nada con ella. Se lo reiteré durante un buen rato, sujetando la puerta para que no entrara, porque ella, a cada nuevo argumento para forzar nuestro cameo, le añadía un poco más de intensidad a su intento de asalto.

Imagino que nunca andaré tan cerca de ser violado, y la verdad que es un puto asco. A la mañana siguiente me di cuenta de que la pestosa escena que protagonicé la noche anterior era una mierda bien grande comparada con las experiencias que sufren la inmensa mayoría de las mujeres durante su vida. Y entonces algo a lo que llevaba tiempo dándole vueltas hizo clic: ¿por qué a las mujeres (que disfrutan de orgasmos mucho más numerosos/poderosos que los nuestros) les cuesta tanto llevar la iniciativa y dejar bien patente su interés en el terreno sexual (y no me vengas con teorías etológicas del tipo: es que ellas tienen los gametos contados y tal)? Joder, si es que somos unos cenutrios, cómo no les va a costar si casi todas han estado más o menos cerca de ser violadas. Mira las lesbianas, ¿a que no tienen tantos reparos en explicitar su interés?

Y es que si lográsemos que Ellas se sintiesen seguras en todo momento, lo de los bonobos iba a parecer un capítulo de Peppa Pig comparado con el desenfreno trisquero que inundaría nuestros días. A ver si aprendemos de una santa vez.

Esta entrada fue publicada en Diarios Chuskos. Guarda el enlace permanente.

1 respuesta a Bonobos

  1. Nico dijo:

    Rodalquilar, valle hermoso de tierras áridas pero ricas y generosas…
    a la vez que peligrosas. Y gobernadas por fuerzas de luz y de tinieblas…
    Pero La Bruja actúa siempre guiada por él: El Amor.

    Un abrazo, querido Chus.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *