Extra

El día en que me den boleto y deje atrás este valle de sonrisas y lágrimas, probablemente quede como testigo silencioso un epitafio de ésos que dejan inquietos los vellos al personal: «Chus Valiente, fue padre (o lo intentó)». O algo más potente y evocador: «Amó sin freno». O quizá algo más modesto y realista: «Imperfecto hasta el corvejón». Pero si soy sincero, el epitafio que mejor definiría mi paso por estos andurriales sería éste: «Chus Valiente, procastinó» (sí, le quito una erre; que me disculpen académicos y perfectitos).

Y es que llevo más de 44 castañas dejando para pasado lo que podría hacer mañana. Así una y otra vez, hasta que llega la línea roja tras la cual ya no me queda más huevos que ponerme a la tarea. Y esto no tiene nada que ver con la falta de tiempo, con estar a mil cosas, con no centrarme en lo prioritario. Al contrario, cuanto más tiempo tengo, más procastino; como si el vergel temporal en el que me muevo fuese infinito. Pues hete aquí que Julián se ha ido y yo ni le he abrazado, ni me he despedido, ni le he llamado por teléfono siquiera. Que si el niño, que si el calor, que si no sabía que la cosa pintaba tan fea, que si el empedrao… Que sí, que sí. Una cagada que prometo no volver a repetir en los días de mi vida. No fue la nuestra una amistad macerada de a poco, ni fue el roce lo que nos encariñó. Más bien fue algo conectivo, casi eléctrico; una conexión inmediata e inexorable. Unas pocas horas juntos en las que compartimos confidencias y mandil; horas que se nos fueron en contarnos las vidas y en reírnos de ellas. Yo compartía mi teoría sicalíptica sobre los calvos y tú me confesabas tu obsesión artística por las puertas. O cuando yo te contaba mis cuitas de padre separado y tú hacías lo propio con tu pasado bohemio y pendenciero. Porque si algo me alucinaba de ti era el comprobar cómo habías sido capaz de pasar de una vida llena de desenfreno y autodestrucción a otra totalmente diferente: sin alcohol ni noches; con rutinas y sudor; dedicado a tu arte, tu pareja y tu trabajo. Vale, ya sé que sin la ayuda de tu salvador llevarías roncando en tu cama de pino muchos años. Sí, es verdad, para lograr una catarsis como la tuya se necesita una mano amiga. Pero al final, en el fondo, fuiste tú el que decidió dejarse ayudar, fuiste tú el que tuvo los huevos de mandar al carajo aquella vida de corchopán y desencanto, fuiste tú el que le cambiaste al alba el aliento a coñac por el cepillo de dientes. Sí, Julián, esa vida extra te la ganaste tú y sólo tú, con tu coraje y determinación. Y si hubo algo que me caló hasta los tuétanos en aquellas horas a tu lado fue tu gratitud. Dabas gracias a la vida por esos años de más que creías no merecer. Dabas gracias a tu bienhechor por haberte ayudado a salir de aquella ciénaga que diste por definitiva. Y finalmente nos dabas gracias a todos los que te conocimos creando aquellas maravillas que dejarán un recuerdo indeleble de tus pasos. Yo por mi parte no puedo hacerte mejor homenaje que seguir tu legado y cada noche sentirla como la última: moriré cada noche para, a la mañana siguiente, dar gracias a la vida por ese día extra que ojalá me sea dado.

Para Julián Redondo, artista y amigo

Esta entrada fue publicada en Diarios Chuskos. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Extra

  1. persixto dijo:

    Te has tomado tu tiempo, eso siempre es bueno, igual que tu propuesta.

  2. Ruri dijo:

    Del cuarto párrafo se sacan oportunidades futuras y «entrevistas» pendientes. 🙂
    Mis condolencias

  3. PATXI FUMANAL dijo:

    La de haber sido ingrato por última vez, sin remedio posible, es de las peores sensaciones que se pueden tener. Yo también he dicho nunca más, alguna vez.

  4. Fran dijo:

    Procastinar, ese mal del siglo XXI que las tecnologías lejos de ayudar a enmendarlo, en mi opinión lo han aumentado… siento mucho lo de Julián

  5. Vero dijo:

    Bonito homenaje a un amigo… Como siempre… al desnudo.
    Gracias Chus. 😉

Responder a PATXI FUMANAL Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *