Huir

huirEscapar de lo que no me gusta y de lo que me da miedo es una respuesta comprensible. La duda es: si huyo de lo incómodo, de lo que no me agrada o temo, ¿puedo llegar a obtener un conocimiento y un crecimiento reales? Cuantas más veces escape, más reforzaré esta reacción y más complicado me resultará conseguir superar mis miedos. Si siempre huyo ante una pequeña araña, la imagen que me iré haciendo de ella en mi cabeza será cada vez más grande y más terrible, parecerá un monstruo del que no me quedará más remido que huir si quiero mantenerme a salvo

Si nos damos cuenta de nuestros miedos, veremos que rara vez son mayores que esa pequeña araña, casi nunca van a poner en peligro mi existencia ni la de los que me rodean. En realidad, lo que más miedo nos da es que se resquebraje nuestro «ego», ese holograma que con tanto esfuerzo hemos ido construyendo desde el día en que nacimos, nuestra identidad, aquello que nos define y con lo que nos podemos relacionar con los otros… Es decir: nada. Porque, a poco que indaguemos, a poco que rasquemos, nos daremos cuenta de que ese yo al que tanto me aferro, no es real, es una paja mental que me da «seguridad» y me tranquiliza ante la otra posibilidad: la temible existencia en la que simplemente experienciemos todo lo que nos vaya llegando, sin juzgarnos y sin juzgar a los otros, siendo simplemente fieles a nuestra verdadera esencia, fluyendo con la vida, sin prejuicios ni verdades absolutas.

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