Cartas

cartasSi nuestra felicidad sólo dependiese de nuestras circunstancias personales, si fuese algo que alguien nos otorgara a su libre albedrío, si fuese un premio que un dios omnipotente nos regalara por nuestro buen comportamiento y nos quitara por haber sido malos chicos… Si esto funcionase así, la vida sería un truño.

Pero no es así, de verdad. Yo puedo elegir ser feliz. De hecho, como decía Ortega y Gasset: “El hombre no puede evitar elegir, está condenado a ser libre”. Claro que sí.

Y con todo esto no quiero decir que no nos sintamos tristes, mustios, decaídos, de vez en cuando. Muchas veces nuestro estado psicofisiológico nos lleva a esas emociones. O cuando las circunstancias vitales nos golpean donde más nos duele: cuando se va un ser querido, cuando nos traiciona un amigo, cuando nos deja una novia, cuando perdemos un trabajo. ¡Cómo no me voy a sentir triste en esos momentos!

Esa tristeza es sana, casi podríamos decir que es una tristeza feliz. Una tristeza con perspectiva, que no deja de sentir lo que siente, pero sabe que todo pasa. Porque si no echamos gasolina mental al fuego emocional que sentiremos en esos momentos, el duelo se prolongará el tiempo necesario para que después podamos seguir adelante con renovadas fuerzas. Renaceremos con nuevos bríos para comernos el mundo.

Puede que hoy no lleves buenas cartas, pero siempre tú eliges cuál jugar. Además, ten por seguro que esta mano pasará y mañana el crupier volverá a repartir cartas nuevas.

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