Etapa 17: Gonzar – Santa Irene

Etapa 17El día empieza gris (por dentro y por fuera). Entre la niebla y la negrura de la noche, no veo un carajo. Así que comienzo a andar sin prisas, por temor a perderme. Pero a poco que la luz consigue filtrarse, las nubes (las mismas que me recibieron en Saint Jean hace ya un mundo) me incitan, casi me empujan, a caminar rápido y largo. El sol deja de frenar mis pasos y el día se convierte en un andar y comer por estos caminos boscosos de Galicia.

Y así paso el día, andando y comiendo, casi sin parar. Y cuando ya voy a llegar a mi final previsto, volvemos a lo de siempre: Salceda me dice que no. A por el siguiente. A Brea: lo mismo. Sin problema. Finalmente paro en Santa Irene, en un albergue nuevo y acogedor. Han sido 62 km, mi etapa más larga. No ha hecho calor y Santiago se siente cada vez más cerca…

Al ir a coger cama, me encuentro a una peregrina sobre su cama en una posición pelín rara, que bien podría servirle para estirar la espalda o para sacar ventosidades huidizas. El caso es que charlamos y cuadramos. Se llama Martha y es colombiana, tendrá sus buenos 55 años… Sudamericana, más de 50… mi cabeza ya se hace su composición de lugar: la veo trabajando de limpiadora ocho horas al día y cuidando de sus nietos el resto del tiempo… Entonces mis prejuicios son hechos añicos por una realidad mucho más rica que mis estrechos esquemas. Resulta que Martha es matemática, doctora para más señas, y trabaja en la universidad Autónoma.

Dando gracias al cielo por esta hostia a mi estrechez mental, me retiro a descansar porque mañana madrugo mucho, más que ningún día (y ya es decir)…

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