Etapa 16: A Balsa – Gonzar

Etapa 16Arranco de madrugada, con el motor ya medio quemado, caminando por estos bosques gallegos en medio de la oscuridad. Oscuros, que no mudos: me acompañan diversos ronquidos (¿vacunos?, eso espero) y pequeños ruidos de distinta especie.

La jornada es de clara soleada, pero gris de yema. Prácticamente no hablo con nadie, salvo con Tino, el camarero de Portomarín que me invitó al agua caliente (yo puse el sobre de la infusión). Todo ello poco después de cruzar el Sil… me parece increíble que esté sobre un vulgar afluente, es la leche.

Y la jornada se enmustió porque después de Sarria, el Camino empieza a ser otro. Lo que hasta ahora era gente a tu alrededor que te acompaña en tu Camino, se convierte en un domingo en la Pedriza: más que una peregrinación austera a Santiago pareciera que fuera al rocío y de faralaes.

Entre mi cambio de energía y el calor, decido tirar de dóping para acabar esta etapa. El dóping clásico del peregrino es el Ibuprofeno en pomada, que te puedes aplicar allí donde aparezca dolor y/o inflamación. Pero para el peregrino solitario, el auténtico dóping se llama música. Cuando ya no te aguantas, y la cabeza se te empieza a pirar a lugares cercanos a la autocompasión y el victimismo, una buena ración de música alegre te ayudará a cambiar el foco y acabar la etapa sin problemas.

Y así llego a Gonzar, entre notas y tararareos; con la sonrisa en los labios; seguro de que en un par de días abrazaré a Santi.

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