Etapa 14: Manjarín – Villafranca del Bierzo

Love winsLa noche es maragata. Los perros (mastines y lobos, según me dijo Manuel el Templario) no paran de ladrar cada poco. Además, tengo una sensación de suciedad, en mí (mi lavado gatuno de ayer no compensó las 13 horas de sudor y polvo) y en la habitación (he oído que hay tal panoplia de insectos por aquí, que los entomólogos vienen en masa), que no me deja relajarme. El caso es que paso la noche en un duermevela expectante, alerta por si se abre la puerta de la estancia y aparece quién sabe quien…

En cuanto abro el ojo me levanto, recojo y parto camino abajo. Extasiado por un descenso tan maravilloso llego a Molinaseca. Entonces ocurre algo curioso: me encuentro con Vero, una holandesa españolizada. Y lo curioso es que, de todas las holandesas del mundo (unas cuantas, calculo), me topo con la que más cosas en común tiene conmigo: vivió un par de años en el pueblo de la sierra en el que vivo, cuando para por España va a clases de yoga con quien fue mi maestro, ha sido compañera de trabajo de mi ex y fueron bastante colegas… Cosas del Camino.

Dejo atrás Ponferrada y en Compostilla me admiro ante un dibujo en el que unos corazones ganan una partida de tres en raya a unas cruces: Love Wins! Y me pregunto si siempre es así, si el amor gana siempre, sí o sí. Y me respondo que sí, que el amor, el amor verdadero, el amor incondicional, el amor que sólo busca el bienestar y el crecimiento del otro, ese amor, siempre gana… porque es el único Camino.

Después de esta epifanía compostillana, la etapa transcurre sin sobresaltos: calor, pueblos, más calor, más pueblos. Así hasta llegar a la lindísima Villafranca del Bierzo. Paro en su albergue municipal a descansar y restañar heridas esenciales (invisibles a los ojos).

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