Etapa 12: Mansilla de las Mulas – San Martín del Camino

Etapa 12Amanezco con renovadas fuerzas. Mi tobillo está mucho mejor, puedo caminar con cierta ligereza. Llego a León temprano y entro en su catedral. Me baño de magia y de luz de colores. Compro una pomada homeopática para mi tobillo y una navaja para mi hijo. Y cuando estoy dejando atrás las últimas casas de la ciudad, ocurre un milagro: la renacida.

Camino un rato charlando con una mujer estadounidense que me cuenta que es California y unas cuantas cosas más sobre su familia. El caso es que le digo que me estoy encontrando con un montón de yanquis en el Camino y que, precisamente, estuve charlando en Torres del Río con una mujer de California que, curiosamente, también tenía tres hijas que vivían en distintos lugares de EEUU. Pero espera un momento, ¿no se llamaba también Justine aquella mujer? Me paro, la miro y me asombro. Es ella misma. Pero, ¿cómo es posible? Camino todos los santos días mis buenas 12 horas y a cada peregrino lo veo un solo día (salvo al gran Filippo, claro)… Resulta que fue hasta Burgos y que allí cogió un tren hasta León y que esta misma mañana había retomado su Camino.

Supongo que será algo muy común aquí. Conoces un montón de gente cada día y de manera rápida la mayoría de las veces. El caso es que no nos reconocimos hasta que no llevábamos media hora hablando.

Pasas León y entras en el lado oscuro del Camino. Hasta entonces, la belleza del paisaje lo había hecho muy llevadero; pero ahora te enfrentas a 20 km a la vera de una carretera nacional con un trajín infinito. Coches, camiones, ruido, humo… Una prueba de fuego para todos. Tanto es así que muchos peregrinos se saltan esta etapa y hacen el trayecto entre León y Astorga en tren o autobús.

Finalmente llego San Martín del Camino, después de haberme cruzado de nuevo con Christian y su límpida sonrisa. En el albergue me encuentro con una hospitalera pasada de kilos y bilis; y con Jordi, un catalán de 18 años que dispara a todo lo que se mueve.

Ha sido un día duro, más para la cabeza que para las piernas. Encontrar la belleza en todo, aceptar cada momento, disfrutar de cada paso, crecer…

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