Etapa 11: Sahagún – Mansilla de las Mulas

Etapa 11Comienzo a caminar con Filippo. Al poco se nos unen un par de peregrinos y, en un cruce en medio de la oscuridad, dudamos y volvemos a dudar; teorizamos y volvemos a teorizar; opinamos y volvemos a opinar; hasta que por fin nos decidimos.

Cada vez me cuesta más seguir su ritmo. Mi tobillo está bastante inflamado y rígido; me cuesta un montón caminar de forma natural. Decido aminorar mi marcha y tomármelo con tranquilidad. Me cruzo un par de veces con Christian, un alemán en toda regla (rubio, ojos claros, 185 cm y fuerte como un toro), con el que ya he caminado en etapas anteriores. Sus cuidados y sus ánimos me mantienen a flote en esta etapa desvaída. Me venda el pie; me presta su vara; me acompaña un buen trecho, adaptando su velocidad a la mía. Un lujo de compañero, vaya. Finalmente, poco antes de llegar al albergue de Mansilla, nos despedimos como dos viejos colegas.

Decido parar en Mansilla, después de 36 km. Como algo por ahí y vuelvo al albergue. Está muy animado, con mucha gente joven… Y, de pronto, escucho una voz que me resulta familiar… Filippo, otra vez. Pero, ¿cómo puede ser que esté aquí si me dejó atrás en los primeros km de la etapa y he ido a paso de tortuga? Resulta que ha encontrado un grupo de jóvenes peregrinos (un par de irlandeses, varios estadounidenses, un canadiense…) que hacen etapas normales de entre 20 y 30 km. Y allí lo veo, organizando la cena (Filippo habla un español casi perfecto, su madre es palentina), como si los conociera de toda la vida. Me cuenta que ha decidido hacer el camino con ellos, que a la mierda lo de hacer etapas de 50 km, que allí ha encontrado su sitio.

Me invita a acompañarles y no lo dudo, acepto encantado. Es lo que necesito: no pensar en la cena ni en mi maltrecho tobillo, dejarme ir en medio del jolgorio. Pago mi cuota y me siento a su mesa con mi abultado tobillo descansando en un barreño con salmuera. Y otra vez, me dejo cuidar. Resulta que es el cumpleaños de uno de los irlandeses y han traído una botella de ginebra para celebrarlo. Me tomo mi primer gintonic en años y me sigo dejando ir… Le confieso a Christy (¿otro Christian?) que estoy pensando en abandonar mañana en León… No way! Don’t give up, man! Wait a minute. Sube a la habitación y me baja ibuprofeno en gel, el dóping del peregrino.

Y confío… Confío en sus palabras y en la vida; confío en el ibuprofeno y en mi tobillo; confío en que mañana será otro día y volverán a cantar los pájaros…

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