Etapa 4: Estella – Torres del Río

Monasterio de IracheLa noche empieza ardiente, con muchísimo calor. No pego ojo ni por asomo. Desesperado, imito a otro peregrino y me doy una ducha… Así logro quedarme casi dormido; pero cuando estoy a punto de caer… Me pica, me pica un montón, me pica la espalda. Pero es que me pica en dos sitios a la vez; bueno, en tres, porque ahora también me pica cerca del ombligo… ¡No me jodas! ¡¿PULGAS?!

Reacciono rápido: cojo la colchoneta, la inflo. Cojo también el saco y salgo a dormir al recibidor. Más fresco y sin picores, mucho mejor… Pero Estella está en fiestas, o lo parece, y paso la noche escuchando gritos y jolgorio (a pesar de los tapones en los oídos), que se mezclan con mis escasos sueños llevándome a un purgatorio en el que ni descanso en condiciones ni me dejo llevar por la alegría festiva. ¡Jo, qué noche!

Hacia las 5:30 reanudo mi marcha con la intención de cumplir la etapa normal: 29 km hasta Torres del Río. Todo con dos objetivos: dejar que mis pies se recuperen y llegar mañana a Logroño con las tiendas abiertas para comprarme calzado nuevo.

Mi ritmo es muuuy lenteja; me duelen muuuucho los pies. El sol aparece y crea una linda postal con el monasterio de Irache al fondo.

Hago parada en Los Arcos (topónimo descriptivo). En los soportales de la iglesia me tumbo y pongo las piernas en alto. Cojo fuerzas para terminar, a ritmo de bolero, mi último trecho del día.

A Torres llego acalorado pero con la decisión clara de no reemprender la marcha. Gustavo, el boliviano vacilón, me abre las puertas de su albergue. En mi habitación hay mayoría italiana; hago buenas migas con Davide y vemos juntos el final de etapa del Tour. Paso la tarde sentado, relajado, charlando en idiomas que no son el mío. Lo paso bien.

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