Etapa 3: Pamplona – Estella

Cuesta del PerdónMe levanto temprano y, como un amante que no amó, me evaporo antes de que la realidad rompa el sueño. Lo primero que hago es recorrer las calles por donde transcurren los encierros; llevo muchos años viéndolas en la tele: la Cuesta de Santo Domingo, Mercaderes, Plaza del Ayuntamiento, Estafeta… Las conozco mejor que las de mi pueblo. La sensación es mágica. No se ve un alma… la calma antes de la tormenta que llegará en un par de días.

Abandono la coqueta Iruña y en la zona de la universidad me topo con dos perdices agallinadas: al verme, simplemente aprietan el paso, no alzan el vuelo en ningún momento. Llego a Cizur Menor y me acerco a la iglesia. Debajo de la arcada, en lugar de románico, veo un culo de hombre y unas piernas de mujer,  y, discretamente, me marcho por donde llegué.

Continúo por la Cuesta del Perdón con el calor apretando cada vez más. Arriba, la dueña del furgobar se apiada de mí y me da un vaso con agua marina (mucho mejor que el Acuarius). Le doy mil gracias y sigo camino abajo hacia Puente la Reina. Y llego a esa calle sin fin para toparme con ese puente de cuento. Paro a comer en la confluencia de un pequeño río con el gran Arga.

Y a las 2, cuando el sol más aprieta reanudo mi marcha. Trato de avanzar con presteza pero cada poco me paro a beber a la sombra de algún árbol. Andar, sudar, parar, beber… Una y otra vez. Avanzo sin avanzar, y mi cabeza me lleva a Estella: tengo que llegar hoy porque tengo que terminar el camino en 20 días. Pero el problema no está en mi cabeza, está en mis pies: las ampollas y las fivefingers sin calcetines me están matando, y lo único que tengo a mano son los falsos crocs que compré pocas horas antes de coger el autobús en Madrid. Decido probar con ellos y siento cierto alivio… Pero el dolor, aunque mermado, sigue estando ahí; trato de evitar cualquier piedrita para no ver las estrellas.

Entonces decido correr. La desesperación me lleva a buscar soluciones, aunque algunas parezcan demenciales. Y resulta que la cosa funciona: al ir trotando mis pies sufren menos y, además, así llegaré antes a mi objetivo. Los últimos 8 km los hago trotando (salvo cuando el terreno se hace muy pedregoso).

Y a las 20:30 llego a Estella (Freedom for Spain), por fin. Pamplona 5:30 – Estella 20:30, 46 km con unos pies que dan pena y un ánimo que empieza a resquebrajarse. Me compro un bocata de jamón con tomate y me lo como con deleite. Ha sido un día muy duro, pero poca cosa comparado con la noche…

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