Etapa 2: Roncesvalles – Pamplona

etapa 2Salgo desbocado, quiero andar mucho y rápido. Pero las prisas matan: pierdo la buena senda amarilla y me toca improvisar un atajo por el asfalto. Y la pierdo porque voy acompañado, y al ir acompañado me relajo, y al relajarme cedo la responsabilidad de decidir por dónde tirar a los peregrinos que llevo delante. Es algo muy humano: la dilución de la responsabilidad (cuando estamos acompañados sentimos que la responsabilidad se divide, que se comparte). Es la explicación a un fenómeno curioso: cuando necesites ayuda, es más probable que te echen una mano en un lugar solitario que en plena Puerta del Sol.

Y, al poco, empiezan los puentes. Descendiendo de la mano del Arga cruzo unos cuantos, todos hermosos. Y llega la alarma general: ampollas. ¿A quién se le ocurre venirse al Camino con las fivefingers y sin calcetines? Pues a mí. Paro en un pueblo de nombre impronunciable y Argia (luz vasca, ojos verdes de gata; me dan ganas de acariciarla pero no me atrevo, no sé si ronroneará o me dará un zarpazo…) me presta los aparejos para curarme. Y lo intento, sin mucho éxito.

Un baño, y luego otro, y otro más (el último, en pelotas: solos el río y yo)… Arga, eternas gracias por haber hecho algo más llevadero este día de calor infame.

Sigo con los pies hechos cisco, necesito improvisar algo. Dos posibilidades: andar descalzo y destrozármelos del todo, o usar los zuecos plastiqueros tipo Frank de la Jungla que llevo para cuando me ducho. Y es lo que hago, y la cosa mejora algo, cada pisada deja de ser un sufrimiento.

Y en medio del calor me encuentro con Stephanie, una danesa alta y ancha, de andares pesados con botas de montaña. Y empezamos a hablar (en inglés, claro), y la cosa fluye. Me alucina la cantidad de cosas que puedo contarle y que ella, encima, me entienda.

Finalmente, llego a Pamplona con mi amiga danesa al lado. Y aquí estoy, con los pies hechos un asco, en una litera alta, temiendo por el futuro de mi plan primigenio: caminar dos etapas cada día, para así llegar a Santiago en poco más de dos semanas. Y es que, quizá, la lección más importante que puedes aprender aquí sea que, por muchos planes que hagas, la Vida siempre te llevará por Tu Camino.

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