El peor escenario

peor escenario¿Y si nos ponemos en lo peor? ¿Y si, por un momento, nos imaginamos que eso tan terrible que tememos que pueda ocurrir, realmente termina ocurriendo? ¿Y si al final ella nos deja?, ¿y si suspendemos el examen?, ¿y si nos terminan echando del trabajo?, ¿y si se confirma el peor diagnóstico?…

Mis preocupaciones no me dan tregua, llevo todo el día con ese sonsonete que, de forma recurrente, me martillea el coco. No me deja tranquilo ni un minuto, ¡qué cansino!

Muy bien, me paro, respiro y me enfrento a esa circunstancia (potencialmente terrible) que todavía no se ha concretado, y que ya me está amargando la existencia. La miro de frente y me sitúo en la peor posibilidad. Me imagino que mis peores temores se hacen realidad. Vale, me quedo ahí (seguro que escuece, pero aguanto).

Ahora visualizo mi nueva vida (después de que ese horror se haya concretado). ¿Podría encontrar cosas interesantes que hacer, a pesar de aquel apocalipsis? ¿Podría ser razonablemente feliz aunque ella no me quiera, aunque me hayan largado del curro, aunque mis ahorros se hayan ido al garete? ¿Podría seguir aprendiendo, apasionándome, creciendo, amando?

Y esa gran preocupación se convierte en mi gran maestra. Ahora tengo la oportunidad de hacerme fuerte, de encarar la vida como un juego, de no temer al futuro. Me siento único y valioso, porque mi existencia es única y valiosa. Me siento capaz de todo porque, pase lo que pase, tengo algo que nadie nunca me podrá quitar: mi capacidad de amar.

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