Etapa 1: Saint Jean – Roncesvalles

camino 1Después de tres autobuses y nueve horas de viaje llego a Saint Jean. Durante el viaje tengo tiempo para casi todo: escuchar música, ver media peli, charlar, marearme… En cuanto piso tierra francesa en mi cabeza sólo hay una idea: caminar. Caminar rápido, sudar, atravesar los Pirineos y llegar a tiempo (o no) al albergue de Roncesvalles. Empiezo mi camino a las 16:15, tengo menos de 6 horas para recorrer 25 km y salvar un desnivel de más de 1200 metros. Oigo voces que tratan de advertirme de la locura que voy a intentar. A malas, siempre puedo dormir al raso: llevo buen saco y colchoneta, estamos en el julio más cálido de los últimos años, no se conocen animales potencialmente peligrosos por estos parajes…

Así que, allá que voy. Empiezo a caminar ansioso, con prisa por llegar no sé adónde. Me encuentro con dos o tres peregrinos a los que saludo con presteza. Pero las fuertes pendientes me van atemperando, me van frenando en mi frenesí. Al poco de comenzar a andar llegan las ovejas y la niebla. Las primeras hacen más terrenal mi camino; la otra, lo llena de magia. Caminar solo en la niebla es caminar dos veces solo; y un bosque en la niebla es mucho más bosque. Los sentidos pierden finura: la montaña y tú, lo demás no existe.

Me moja la lluvia, me envuelve la niebla meona, sudo a mares: no llevo una camiseta, voy sumergido en ella. Entonces llego a la brecha y veo la fuente. Me quedo de piedra: Roland vencido por un cerro de basura peregrina. La magia se me va por unos momentos.

Con tanta humedad me topo con mil babosas negras que tratan de cruzar la carretera. La lombriz más grande que he visto en mi vida (60 o 70 cm, calculo) también se cruza en mi camino. Y antes de llegar a la cima, una mullida alfombra de hojas de haya se apiada de mis pies y me da un respiro.

Y, por fin, la cumbre. Entonces escucho algo extraño: un ruido discontinuo que no logro identificar. Es un molino movido por el fuerte viento que sopla aquí arriba. Forma parte de un curioso aparato: junto con una placa solar, consigue enviar energía al equipo de comunicación para poder pedir socorro en caso de necesidad.

Después, para abajo, muy para abajo. Grandes pendientes con rocas sueltas y mis pies empiezan a quejarse: rozaduras en los nudillos de los meñiques, nada grave (por ahora…). Y llega otro bosque, más mágico si cabe. Me cruzo con un corzo que huye sin demasiada prisa.

Algo más de cinco horas después, llego al albergue de Roncesvalles, con el tiempo justo para ducharme, comer un poco de pan con queso (detallazo de la hospitalera) y meterme en el saco para coger fuerzas. Mañana, más.

Esta entrada fue publicada en Camino 2015. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Etapa 1: Saint Jean – Roncesvalles

  1. Paco dijo:

    ¿Y donde están los relatos de los demás días del Camino 2015?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *