Infierno

infiernoYa no tiemblo cuando escucho el ascensor; ni mendigo migajas de amor rancio; ni me siento culpable cuando su mano se alarga; ni trato de buscar una solución a algo que no es un problema, sino un delito. Me siento bien, cada vez mejor (sí, mucho mejor…).

Y hoy sé que mi fortaleza, mis ganas de vivir, mis ganas de exprimir la vida y bebérmela entera, no me van a abandonar, van a estar conmigo hasta el final de mis días… Porque una vez estuve en el infierno, pero el infierno no pudo conmigo.

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