Libertad

A poco que hayas paseado tu vista por estos andurriales, habrás notado que las historias de (hidrofóbica) actualidad pintan lo justo. Pues bien, llegó el momento de saldar tamaña deuda y pasar sin llamar al debate social. Porque hay un temita que últimamente lo peta que me está llevando al hipergonadismo. Se trata del vapuleo diario a los apestados de nuestro tiempo, un grupo peligroso como pocos, la razón principal de todas nuestras desdichas. Sí, me estoy refiriendo a esa purria con patas que pulula entre nosotros, los terroristas virales de nuestros días: los antivacunas (¿anti?; entonces yo que no como brócoli, a pesar de reconocer sus beneficios, ¿soy un «antibrócoli»?).

Porque, como los datos diarios no se cansan de repetir cada poco, es este grupúsculo (en Madrid menos del 10% de la población adulta) el culpable de que los últimos dos años hayan sido un mal sueño. Ya nos lo decían los expertos, esa gente sabia: Cuando llegue el maná alcanzaremos sin problema la inmunidad de rebaño rápidamente; con que el 70% de nosotros se pinche será suficiente; ese grupo de élite nos traerá paz y salud a espuertas, ni podrán ser infectados ni infectarán. Lo clavaron, vamos (lo del rebaño, digo).

Ahora cojamos don individuos rándom: uno, solidario y bien peinado (con sus buenas tres/cuatro dosis circulando por sus venas); otro, egoísta y pelín piojoso (sin anticuerpos recauchutados). ¿Qué los distingue? ¿Por qué sólo uno de ellos se puede tomar una cerveza donde quiera y viajar a donde le plazca? ¿Qué pecado cometió contra vosotros (¿naciendo?) el otro? Tú puedes ser contagiado, yo también; tú puedes contagiar, yo también. Tú te vacunas porque te sale del flix; yo no me vacuno porque no me sale del moño.

Y tú me dirás: No es por eso, subnormal, es para no petar los servicios sanitarios. Ah, entonces sí, ni un pero; no hay como tener las cosas claras para callar boquitas. Porque un grupo tan grande (recordemos, menos del 10%) a poco que se infecten todos a un tiempo, que ninguno de ellos haya pasado previamente la enfermedad y que a todos les dé por pillar una neumonía de las chungas, el colapso hospitalario puede hacer que Madrid parezca el Somme del 16 en un par de semanas. Lo veo; si cuando las cosas se razonan, no hay más que hablar.

Encima de que lo hago por ti, alma sin tino, para que no te mueras cuando lo pilles. Genial, mil gracias, tron. Entonces, ¿por qué cojones no le pegas la chapa al que se fuma fanega y media todas las semanas, o al que se bebe hasta el agua de la fregona, o al que se zampa al niño Jesús cada noche? A esos los dejas tranquilos, ¿verdad?; si las quieren espichar pronto, allá ellos. ¿Por qué no creamos el «pasaporte zampabollos» para que toda esa escoria que se está cargando su salud a base de empapuzamientos diarios no pueda compartir espacios cerrados con nosotros, los arios morigerantes? Es más, ¿y si prohibimos los matrimonios entre fumetas y no fumetas? O mejor aún: vamos a quitarle la condición de ciudadano a todo aquel que se desayune con Mahou y churros. A por ellos, que Núremberg no está tan lejos.

Y hablo de Madrid, porque si miro más allá el tema se pone berlanguesco. Resulta que hay un tenista (el mejor de todos, encima; imagina si esto le pasa a uno de los normalitos) que ha tenido la desvergüenza de espetarles a los que mandan (en el tenis y en lo demás) un NO como un piano de cola. No, bwana. Te agradezco tu sugerencia pero mi salud me la gestiono yo. Aquí tienes una y mil pruebas de que estoy sano (probablemente más que todos vosotros juntos), de que no voy a infectar a nadie en este bendito país; sólo quiero que respetes mi decisión y me dejes jugar al tenis. Pues no, ese tío es peligroso. ¿Por? Se va a saltar la ley, y eso es mal. Ah, es cierto, no lo había pensado. Claro, aunque la ley sea injusta y no haga sino discriminar a la población hay que respetarla, adorarla si me apuras. Que es la ley, cojones.

¿Qué daño iba a hacerle al mundo Djokovic por pasar tres semanas en Australia y jugar el torneo? ¿Acaso nuestro amado Rafa no se ha contagiado hace poco a pesar de todos los chutes que lleva encima? ¿No sería distinta tu visión del asunto si en lugar de haber nacido en Belgrado Novak hubiese abierto el ojo en Matalascañas?

Y ahora hagamos memoria, ¿qué decían los medios de comunicación hace justo dos años? ¿Lo recuerdas? Todo aquello de que los chinos estaban fatal, que tenían un sistema sanitario de mierda (no como el nuestro), que a nosotros el virus ese no nos iba ni a toser, que nos dejásemos de gilipolleces y viviésemos la vida sin miedo. ¿Cuántas semanas se pasaron con la mandanga? ¿Y hoy, cuál es la letanía diaria con la que nos empapuzan en cada informativo? Ojito con ómicron, que se contagia como la peste; la sexta ola no para de crecer, mucho cuidado; si ves a un antivacunas, cambia de acera… O sea, que cuando nuestros mayores y el resto de grupos de riesgo estaban a punto de caer como moscas, no pasaba nada; y hoy que se ha contagiado hasta el apuntador, y que (a poca salud que manejes) lo máximo que vas a tener que padecer es un par de días en cama, el Apocalipsis se nos viene encima.

¿No te das cuenta de que todo son bombas de humo que lo único que buscan es distraer tu atención para que no vayas más allá del rancho diario que te sueltan, ni seas consciente de todas las mentiras que te van inoculando cada poco? ¿Cómo es posible que te tragues que los malos de película son los antivacunas y no la caterva de tuercebotas que nos gobierna?

Y si aún sigues creyendo que habría que obligar a todo hijo de vecino a vacunarse, que esto no es una cuestión de libertad individual sino de solidaridad, porque así todo se va a solucionar y en un rato volveremos a la Arcadia perdida, nada que objetar. Tranqui, sigue con tu dosis diaria de soma y Pavda, y ni si te ocurra elegir la píldora roja, no vaya a ser que te apartes medio palmo del relato y te lo hagas encima.

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1 respuesta a Libertad

  1. Mariquita Fantastic dijo:

    Habrá que solicitar a la OMS que se tome nota como posible efecto secundario de la vacuna del COVID que puedes llegar a ganar un Grand Slam, no? 😉

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